Cómo hacer gofres o waffles, recetas fáciles

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Los grofes o waffles se preparan en un abrir y cerrar de ojos, ofreciendo numerosas posibilidades, gustan a casi todo el mundo y siempre son una buena idea como postre o incluso plato principal, con rellenos dulces o salados.

Los gofres son crujientes por fuera y esponjosos por dentro y se habrían derivado de la elaboración de obleas en los onventos medievales con la ayuda de tenazas de hierro con el objetivo de ser bendecidas y luego utilizadas en las celebraciones de misa.

Para el siglo XII su elaboración ya se había extendido hasta los Países Bajos y en Francia incluso existía un gremio organizado. Estas primeras recetas, los gofres eran más delgados y a menudo se enrollaban como un barquillo para prolongar su preservación.

El origen de los gofres que conocemos en la actualidad se habrían desarrollado en Bélgica y Holanda, países en los que se solía consumir durante navidad, año nuevo, carnavales y bodas.

Consejos para hacer gofres perfectos

Para hacer gofres es indispensable disponer de una gofrera/wafflera o plancha para gofres. En el mercado existen de distintos tipos, tamaños y formas, la mayoría de ellos antiadherentes para permitir retirarlos fácilmente.

  • Para proteger la capa antiadherente, se recomienda utilizar utensilios de madera o silicona para retirarlos, nunca objetos afilados.
  • Si los gofres se prepararan con mantequilla ablandada, adquirirán un sabor más delicado y si se preparan con aceite vegetal terminarán siendo especialmente esponjosos.
  • Para obtener gofres de poros más finos, se puede sustituir una parte de la harina por maicena.
  • Si se utiliza agua tibia en lugar de leche y se prolonga el tiempo de cocción al doble, el resultado será más crujiente.
  • La plancha para gofres se debe limpiar en seco antes de ser usada, después engrasada ligeramente y por último calentada hasta alcanzar la temperara de cocción.
  • Se deben retirar los restos de la plancha antes de cocinar una siguiente partida de gofres para evitar trozos quemados y sabores agrios.
  • Enfriar los gofres sin apilar en una rejilla o parrilla para evitar que se ablanden y adquieran una textura pastosa.
  • Finalmente siempre es posible tostar los gofres ablandados para recuperar algo de la textura crujiente.

Opciones para gofres o waffles dulces

Azúcar, azúcar con canela, mermelada, jalea, miel, crema de caco, avellanas o almendras, compota de manzana o ciruela, cerezas, guindas, frutas en conserva, fruta picada, jarabe de arce, yogur, nata, natilla, queso fresco, frutos secos. virutas de chocolate, coco rallado. helado, etc.

Opciones para gofres o waffles salados

Queso quark a las hierbas, queso cremoso, queso rallado, mozzarela, salmón o trucha ahumada, patés o cremas para untar, ensalada de carne o atún, rábanos, tomates, apio, pimientos, pepino, rúcula, berros, etc.

Recetas de gofres o waffles dulces

Recetas de gofres o waffles salados

Historia de los gofres o waffles

Los historiadores de la comida rastrean el ADN del los gofres hasta la antigua Grecia, en donde los cocineros asaban pasteles planos entre dos placas de metal unidas a un largo mango de madera. Los obelios, como se llamaba a los pasteles, no eran particularmente dulces, pero su diseño evolucionó con el tiempo a medida que la gente comenzó a personalizar los platos.

En la Europa medieval, la Iglesia Católica elaboraba una oblea grande y sin levadura como una especie de acompañante de la oblea de comunión. Estas obleas (o “wafers”, derivadas del término griego) se elaboraban típicamente con harina de grano y agua, representando escenas bíblicas, cruces y otros íconos religiosos. A menudo se servían después de las comidas como una bendición simbólica final.

Más tarde, la iglesia autorizaría a los artesanos para construir sus propias oubries, así que los diseños proliferaron para incluir escenas familiares, paisajes y muchos otros elementos artísticos.

A medida que las Cruzadas y otras campañas en el extranjero recolectaron especias como la canela y el jengibre, los cocineros comenzaron a variar su masa de oublie. Crema, miel y mantequilla se abrieron paso en la receta, al igual que los agentes leudantes que hicieron que las obleas fueran más gruesas y pastosas.

Los hierros se hicieron más profundos y gradualmente la oblea se convirtió en un wafel o gaufre, como lo llamaban los franceses.

Expansión europea de los waffles

Alrededor del siglo XV, los gofrelers holandeses comenzaron a usar placas rectangulares en lugar de circulares, forjándolas en un patrón de cuadrícula.

Los estudios aún no tienen claridad de por qué se desarrolló este patrón de cuadrícula, algunos dicen que surgió naturalmente del proceso de forjado, mientras otros que ofreció una forma para que los artesanos cocinaran menos masa sobre una superficie mayor.

A principios del siglo XVIII, los ingleses agregaron una segunda “f” a la palabra que reconocemos hoy como waffles. Los historiadores han rastreado la adición al influyente libro de cocina de Robert Smith, Court Cookery , publicado por primera vez en 1725.

Por toda Europa, cada país fue desarrollando sus propias recetas de gofres, waffles y acompañamientos. En Alemania, un gofre de café era muy popular, mientras que en Francia, se elaboraban gofres con clavo, vino español y ralladura de limón.

En Bélgica, la leyenda dice que el chef del Príncipe de Lieja elaboraba un gofre espeso cubierto con azúcar caramelizada, conocido como el primer waffle o gofre de Lieja, que hoy es una de las variedades más populares de Bélgica.

En contraste con la América contemporánea, los gofres no eran habituales en el desayuno, sino un bocadillo o un postre entre comidas. Los franceses los compraban a vendedores ambulantes y se los comían a mano, mientras que los holandeses los disfrutaban por las tardes acompañados de té y chocolate.

Los waffles llegan a América

No fue hasta que llegaron los waffles llegaron a Estados Unidos, de mano de los holandeses, que finalmente que los waffles con jarabe de arce se volvieron muy populares, ya que se trataba de un popular edulcorante líquido más económico y ampliamente disponible que el azúcar granulada, que debía importarse.

Ya en la década de 1740, los colonos de Nueva Jersey y Nueva York organizaban fiestas conocidas como “waffel frolic” o “waffel party” en donde se invitaba a amigos y familiares a compartir waffles que cada uno elaboraba en el momento y a su propio gusto.

Thomas Jefferson, amaba tanto los waffles que se trajo consigo 4 moldes de hierro comprados en Amsterdam en 1789 cuando regresaba desde Francia.

A pesar de todo, los waffles seguían seguir siendo un alimento algo díficil de elaborar. Fue recién en 1869, Cornelius Swartwout de Troy, Nueva York, patentó la primera plancha para waffles construida de hierro fundido y que poseía una tapa con bisagras y un mango para cocinar waffles rápidamente y sin quemarse las manos.

Veinte años más tarde, Pearl Milling Company lanzó la primera mezcla comercial de panqueques y waffles, a la que llamó Tía Jemima.

Fueron estas dos innovaciones las que finalmente masificaron los waffles en miles de hogares estadounidenses y con la introducción de la wafllera eléctrica de General Electric en 1918, rápidamente se convirtieron en una adición imprescindible para la cocina moderna.